miércoles, octubre 22, 2003

Anoche subió las escaleras. Llevaba puesto el gorrito ese tonto que tanto me gusta. Toco la puerta con una mirada extraña en sus ojos chocolate. Le abrí la puerta pero no pasó. Solo siguió allí, mirándome. Inclinó su cabeza levemente y sonrió. Respiró profundamente y rozó mi brazo con su mano hasta llegar a entrelazar sus dedos con los míos. Elevó mi mano hasta su pecho y la dejo reposar allí. No tuve tiempo de procesar lo que estaba sucediendo en ese momento tan inesperado, y no quise intentar. Su aliento bailó en mis labios por un instante antes de ser consumido por la oscuridad que existe dentro de mi.
Cuando abrí los ojos, estaba acostada en el sofá. Me había despertado el ruido que estaba haciendo Edith al tratar de abrir la puerta.

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