martes, agosto 12, 2003

En mi daily blog tour, fui a dar al blog de Yepez, la neta no se como es que llegue allí, porque me caga y trato de evitarlo... su blog, no él (sorry Yepez, pero se vale no?)... me encontre con esto:

Un día Matthai entró, se sentó en el escritorio. Se veía un poco distríado. Totalmente matthaiesco. Se frotó la barbilla como solía y quiso dar inicio a la clase. Explicó que ahora tendría que pasar lista al principio, porque tenía un compromiso que lo haría salir una hora antes de lo acostumbrado. Se dio cuenta que no tenía pluma. El muchacho de enfrente lo percibió y le extendió cordialmente una pluma. Matthai agradeció, el gesto y le explicó que hoy "daría la clase todavía peor de lo acostumbrado" porque tendría que irse temprano y estar pensando en eso no lo dejaría estar integramente en cada ahora, como deberíamos estar siempre. Se levantó hacia el pizarrón. (Explicaría la diferencia entre ética escrita con epsilon y escrita con eta). No había borrador y el pizarrón estaba hecho un asco con una clase de economía, que se tomaba en ese salón por la mañana. No había borrador. Algo enfadado, volteó hacia los alumnos. La mano extendida del mismo muchacho lo esperaba ofreciéndole un borrador. Matthai lo tomó y borró. Para ese momento todos sabíamos que tampoco había gis y que nuevamente Matthai se daría cuenta de ello. Se dio cuenta y volteó inmediatamente con el muchacho que también esta vez lo esperaba con un gis en la mano. "Bueno —le dijo Matthai— ud. tiene todo". Matthai mejoró de ánimo y dió una excelente clase. Pero llegó la hora en que tenía que irse y entonces por la distracción de la prisa no había devuelto ni la pluma (colocada en el escritorio) ni el gis ni el borrador (que parecía inintencionalmente querer llevarse consigo). El muchacho, sentado en el asiento más próximo al escritorio, preocupado por sus cosas, lo miró. Matthai captó el mensaje. Y le devolvió la pluma, el gis y el borrador. "Ud. todo lo tiene consigo, lo hace emerger, lo da, pero no lo deja escapar y lo vuelva a absorber", le dijo casi con reverencia. Para ese momento, ya casi todos habían salido y en cuanto guardó las cosas, el muchacho también se levantó. Matthai, a pesar de la prisa que decía tener, desde la última frase se había quedado en el escritorio, muy pensativo. Cuando el muchacho terminó de cruzar el umbral, Matthai lo miró por última vez y dijo en voz baja, pero con una reverencia verdaderamente intensa: "Adios, Kronos".

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